Ahumar es una de las formas de proteger el pescado del deterioro. Sin embargo, sobre todo, también es una manera de conferirle un sabor y aroma característicos. El pescado puede ahumarse tanto en caliente como en frío. Estos dos métodos se diferencian por la temperatura de ahumado y ambos tienen sus adeptos. Independientemente de cuál elijas, conviene elegir también el tipo de pescado adecuado para el ahumado. Para ahumar, los más adecuados son los pescados grasos y oleosos, entre los que se encuentra, entre otros, el salmón. Por ello, nuestra propuesta de receta de hoy está relacionada con este pescado y no es otra cosa que un delicioso salmón ahumado en frío. No dejes de probar este plato increíblemente sabroso. Prepáralo tú mismo, ¡no es nada difícil!
¿Cómo hacer salmón ahumado en frío?
Preparación:
- Saca los filetes del salmón o compra uno ya listo, sin espinas. Enjuaga el filete con agua fría, sécalo con papel de cocina y colócalo sobre una rejilla para escurrir. Puedes colocar la rejilla sobre una base en ángulo para facilitar el escurrido.
- A continuación, cubre el pescado con una capa de sal, de modo que quede ligeramente visible en la superficie. No temas usar demasiada sal; el pescado absorberá la cantidad adecuada. Deja el salmón salado durante 2 horas a temperatura ambiente; en ese tiempo la sal debería absorberse parcialmente y el salmón soltará un poco de agua.
- Transcurrido ese tiempo, enjuaga el lomo con agua fría para retirar el resto de sal y sécalo con papel de cocina.
- Después vuelve a colocarlo en la rejilla y úntalo con sirope de arce (aprox. 1–2 cucharaditas por cada lomo de unos 1,5 kg).
- Deja que el pescado se seque. Para acelerar el proceso, puedes ayudarte de un ventilador con aire frío. El lomo debe quedar seco al tacto. El secado puede durar aprox. 3–4 h.
- Realiza el ahumado en frío a una temperatura de 10–20°C durante aprox. 6–10 horas, según tus preferencias. Incluso puedes dividir el proceso de ahumado en dos días y alargar el tiempo.
Importante, durante el ahumado garantiza una buena ventilación y circulación del humo. Para ello, conviene entreabrir la puerta de vez en cuando para ventilar la carga. Recuerda también que el humo del ahumador no debe ser demasiado denso.
Al día siguiente del ahumado, cuando el salmón ya haya "reposado", puedes envasar sus piezas al vacío, lo que prolongará aún más la vida útil del pescado y evitará que se seque.
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