El codillo —aunque se asocia únicamente con grasa— también es fuente de colágeno y elastina, y aporta a nuestro organismo proteínas de alto valor biológico, hierro fácilmente asimilable y vitaminas del grupo B. Antaño reinaba en las mesas de la nobleza y hoy puede formar parte con éxito de tu menú. Adorado por los gourmets, si se prepara adecuadamente y se consume "de vez en cuando", no nos hará daño. Por eso merece la pena incluir esta receta en tu libro de cocina casera, máxime porque despertará admiración entre tu familia y amigos en vuestras reuniones en la mesa.
Receta de codillo asado:
Preparación:
Lava los codillos y, si es necesario, chamúsalos para eliminar bien los pelillos. Haz cortes en la piel en varios puntos, a lo largo de la pieza. Reboza los codillos con 3 cucharadas de aceite, espolvorea bien y frótalos con la Marinada para codillo. Deja reposar durante unas 12 horas en la nevera, tapados. Unos 30 minutos antes de hornear, saca los codillos de la nevera. En el caso de codillos traseros, puedes inyectarlos en varios puntos con salmuera (disuelve media cucharadita de sal en 50 ml de agua fría). Prepara las verduras: pélalas y córtalas: la zanahoria y la raíz de perejil en bastones, la cebolla en plumas y el ajo en láminas. Coloca todo en una bandeja para asar o en una olla romana, riega con dos cucharadas soperas de aceite y un vaso de agua. Distribuye las verduras a los lados y sobre el codillo. Cubre y mete al horno templado (precaliantado a aprox. 50°C). Recomendamos hornear a 200°C durante 1 hora (calor arriba y abajo, con convección). A continuación, rocía los codillos con cerveza y continúa el horneado una hora más, reduciendo la temperatura a 170°C. Pasado este tiempo, comprueba si la carne empieza a separarse del hueso; si es así, retira la tapa y deja la carne 30 minutos más para que se dore bien.
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