Una etapa muy importante en la elaboración de vino casero es el taponado de las botellas y su envejecimiento (maduración del vino). El bouquet y el sabor del vino no dependen únicamente de la fermentación realizada, sino en gran medida también de la calidad de los corchos y del método que se utilice para taponar las botellas.
Distinguimos dos tipos de corchos: naturales (macizos, aglomerados, estratificados) y corchos sintéticos. Se presentan en distintas formas (cilíndricos, cónicos) y variantes (p. ej., corchos tipo seta y decorativos). Los corchos sintéticos están listos para usar, mientras que los corchos naturales deben prepararse adecuadamente antes de proceder al taponado.
Sirven para taponar vinos destinados a un consumo rápido, no para un envejecimiento prolongado. La superficie de contacto de este tipo de corchos con los cuellos de las botellas es demasiado pequeña para garantizar una protección duradera del vino. No se requiere corchadora: el corcho se introduce a mano.
En condiciones domésticas basta con sumergir este tipo de corchos durante aprox. 5 min en agua caliente o colocarlos tapados sobre agua hirviendo. De este modo quedarán esterilizados y más plásticos, lo que facilitará el taponado de las botellas. Recuerde no “humedecer” los corchos durante demasiado tiempo, ya que podría dañarlos.
No requieren una preparación especial; pueden desinfectarse escaldándolos o enjuagándolos con metabisulfito de potasio. Son adecuados principalmente para vinos jóvenes. Se recomienda sustituir este tipo de corchos cada dos años.
1. Preparación de las botellas
Para evitar todo tipo de contaminaciones, antes de comenzar el taponado, lave bien las botellas con un cepillo para botellas y detergente para vajilla y, a continuación, enjuáguelas a fondo. Si desea estar 100% seguro de la limpieza, puede esterilizarlas hirviéndolas en agua a 80⁰C durante unos 10 min o enjuagándolas con una solución de metabisulfito de potasio.
2. Llenado de las botellas
Durante el llenado de las botellas, procure que el vino se oxigene lo menos posible. Ayudan para ello un tubo de trasiego y un embudo. Recuerde también dejar aprox. 4–5 cm de espacio libre por debajo del borde del cuello de la botella.
3. Taponado
Los corchos cónicos se colocan sobre el cuello de la botella y, a continuación, se introducen a mano o con una corchadora (elegida entre los modelos disponibles).
Los corchos cilíndricos se colocan en las botellas tras la preparación adecuada; es imprescindible usar una corchadora. En el caso de tener que taponar no más de 30 botellas, basta con usar una corchadora manual sencilla en forma de casquillo. Para cantidades mayores, las corchadoras de 2–3 brazos serán las más útiles, ya que requieren menos fuerza y, al mismo tiempo, permiten aumentar la velocidad de taponado.
Después del taponado, las botellas deben permanecer durante un día en posición vertical. Esto permitirá que el corcho se adapte a la pared interna del cuello de la botella. A continuación, coloque las botellas en posición horizontal, lo que a su vez evita que el corcho se seque (el vino “baña” el corcho) y garantiza el intercambio gaseoso adecuado entre el interior de la botella y el entorno. Tras dos o tres días, compruebe si los corchos presentan fugas. Si aparece alguna, será necesario sustituir el corcho por uno nuevo.
Tabla de selección de corchadora para los corchos utilizados en botellas vinícolas estándar (* indica que la corchadora está dedicada al tipo de corchos indicado):
4. Decoración
El remate del proceso de taponado de las botellas es la colocación de cápsulas termorretráctiles. Existen varios métodos para retraer las cápsulas en los cuellos de las botellas. Para ello puede usarse un dispositivo especial (máquina termorretráctil profesional) o recurrir a alguno de los métodos caseros:
- sumergir el cuello de la botella con la cápsula puesta en un recipiente con agua caliente (atención: ¡el uso de agua hirviendo puede dañar la cápsula!);
- colocar los cuellos de las botellas con la cápsula puesta sobre un chorro de vapor que salga, por ejemplo, de una tetera;
- calentar con un secador de cabello, por todos los lados, la botella en posición vertical con la cápsula puesta, hasta que esta se adapte al cuello de la botella.
El uso de una cápsula de color mejora el aspecto de la botella y protege el corcho, gracias a lo cual el vino puede envejecer durante más tiempo. Vale la pena utilizar también etiquetas autoadhesivas para botellas, que permiten anotar el tipo, la añada del vino y otra información útil de este tipo.
ALMACENAMIENTO / ENVEJECIMIENTO DEL VINO
Las botellas con vino, herméticamente taponadas y provistas de etiqueta informativa, deben almacenarse en un lugar seco con acceso limitado a la luz y a una temperatura de 10-15°C.
Lo ideal es que las botellas reposen en estanterías diseñadas específicamente para este fin.
Cada tipo de vino requiere condiciones adecuadas. Los vinos tintos envejecen mejor a 15-18°C, los blancos a 10-15°C y los rosados a 9-10°C. Los vinos espumosos requieren las temperaturas más bajas: 6-9°C. En la bodega, la humedad óptima del aire debe ser del 65-80%. Una humedad demasiado baja provoca que los corchos de las botellas se contraigan y que el aire penetre en su interior. Esto conlleva un cambio en el sabor del vino e incluso su deterioro. Por otro lado, una humedad excesiva favorece la aparición, por ejemplo, de moho.
Durante el almacenamiento se producirán transformaciones adicionales que forman parte del proceso de maduración del vino.
Vinicultura